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Se despertó en la mañana
con lágrimas en los ojos
pues, la noche fue un martirio
en los brazos de su esposo.
No quiso recordar nada
de aquel sufrir vergonzoso,
pero, lágrimas de pena
surcaban su bello rostro.
Ella casó enamorada
de tan aguerrido mozo
pensando en mieles sin fin
y en vivir eterno gozo.
Más la cruda realidad
la fue sumiendo en un pozo
de amargura y desencanto,
dolor, miserias y lloros.
De aquellas dulces promesas
solo quedaban despojos
y de las caricias tiernas
moratones espantosos.
Los besos apasionados
se trocaron en abrojos
que iban derramando sangre
sobre su semblante rojo.
Su sexo está entumecido
y ha de servirle a su antojo
de animalesca descarga
al marido sudoroso.
Solo una alegría encuentra
en el bosque tenebroso
que ha sumergido su vida
en este profundo foso.
La sonrisa de su hijo
y su abrazo cariñoso
le ofertan caminos nuevos
en su vida de destrozos.
En él encierra su amor
su ternura y su reposo
mientras le canta una nana
en sus brazos amorosos.
Ya se encargará de hacerle
que comprenda`poco a poco
que a la mujer se la trata
con respeto y con decoro.
Y que nunca entre sus brazos
una mujer sea un trozo
de carne para gozar
sino un preciado tesoro.
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