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Los biocarburantes no terminan de arrancar. Gobiernos y ayuntamientos se esfuerzan en impulsar su desarrollo con el mensaje de que constituyen la principal alternativa a las gasolinas y el gasóleo en una etapa de fuerte encarecimientos del petróleo. También ensalzan sus ventajas medioambientales, ya que permiten reducir las emisiones de CO2 en el sector del transporte, más contaminante incluso que la industria. Pero, pese a estas virtudes, no cuajan en el mercado. Siguen siendo grandes desconocidos para el gran público, mientras los fabricantes de automóviles continúan sin apoyar su uso al desconfiar de su efecto en los motores, a pesar de que las pruebas arrojan resultados muy positivos -aumentan la lubricidad-.É ste es, a grandes rasgos, el análisis que hicieron ayer los representantes de las empresas más destacadas de este negocio en una jornada convocada por el Ente Vasco de la Energía (EVE).
El seminario se centró en el biodiésel, que se obtiene de aceites vegetales -soja, colza o palma- y se utiliza de complemento del gasóleo -se mezcla en una proporción de entre el 12% y el 15%- . Debido al empeño de las instituciones, su uso se ha extendido en autobuses y camiones de la basura.
Para complementar o sustituir a la gasolina se empleo el bioetanol, que se produce con la fermentación de materias vegetales ricas en azúcares o en almidón, como por ejemplo la remolacha.
Según explicó el director general del EVE, José Ignacio Hormaeche, en Euskadi sólo existen en la actualidad nueve puntos de venta de biodiésel pese a que su precio en las estaciones de servicio es el mismo que el del gasóleo. De bioetanol no hay ni un surtidor, pero el Gobierno vasco va a subvencionar su instalación y ya ha llegado a acuerdos en este sentido con la asociación de gasolineras Esergui. «Hay que avanzar en su uso», subrayó ayer el responsable del organismo público.
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