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Cuatro vigilantes
Las autoridades, alertadas por la preocupación vecinal, no tardaron en movilizarse. Hasta la zona del vertido se desplazaron responsables de la Diputación y el Gobierno vasco, además de efectivos de la Ertzaintza y la Policía local. Pronto comprobaron la textura jabonosa de la espuma y su ligero olor a detergente, por lo que descartaron de inicio posibles afecciones a la salud de las personas. Aún quedaba por analizar, sin embargo, la incidencia del escape contaminante en la fauna del río.
El Ejecutivo autónomo reforzó las labores de control en el Cadagua, a su paso por Güeñes, con cuatro vigilantes en diferentes tramos del cauce. Los guardas, sin embargo, no constataron ninguna incidencia sobre la vida animal del río. «Han encontrado algunos peces muertos, pero no un número especialmente significativo. Nada fuera de lo normal», indicaron fuentes del Departamento de Medio Ambiente.
El suceso, no obstante, causó un hondo malestar entre los vecinos de la localidad. También los grupos ecologistas lamentaron el nuevo episodio contaminante. «Algo falla en los sistemas de control y seguridad si las empresas tienen 'descuidos' cada dos por tres», criticó el portavoz de Izate, Sergio De Juan. El de ayer, efectivamente, no fue el primer vertido en aguas del Cadagua, a su paso por Güeñes. El 17 de diciembre de 2005 otro escape sembró la alarma en el municipio encartado.
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