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Los ganaderos, mientras tanto, observan con inquietud el «cambio de hábitos» del buitre leonado. Dicen que cada vez se acerca más a las viviendas y los rebaños y que ataca a animales vivos, algo que va en contra de su naturaleza. «Cuando las ovejas están para parir, se tiran encima de ellas y nos las matan», asegura el pastor Ángel González, que lleva «toda la vida» en el valle. Según su testimonio, no sólo se ceban con las parturientas, sino que «treinta días antes las tenemos que meter en las cuadras».
En octubre, González dio parte de un ataque en el que perdió «cinco ovejas». La Diputación ha recibido más denuncias, pero cree que «no está claro» que las aves actúen empujadas por el hambre. «Los datos científicos dicen que les sobra comida», apunta Larrazabal. Según un informe encargado a una consultora, 6.300 buitres leonados sobrevuelan el entorno de Carranza atraídos por «la disponibilidad y potencialidad» de alimento. Muchos proceden del norte de Burgos, la parte oriental de Cantabria, Álava y el valle de Urkiola.
Desde agosto
El estudio concluyó que «sólo de modo excepcional» pueden producirse ataques a animales vivos y aportó cifras. En el área de campeo de estas rapaces, con un radio de entre 50 y 70 kilómetros, se calcula que hay unas 3.000 toneladas de carroña, «el doble de lo que necesitan para alimentarse. Y nosotros sólo estábamos llevando 50 toneladas al año». El diputado se basó en estos datos para ordenar, a mediados de agosto, que dejara de abastecerse el muladar de Ordunte, el segundo de la cornisa cantábrica tras el de Asturias.
Desde entonces, se ha constatado «un descenso importante» en la concentración de ejemplares, según los informes técnicos. «Pero no se ha resentido la población autóctona», asegura el diputado. La semana que viene mantendrá una reunión con ganaderos y a partir del 1 de marzo habrá una persona «a jornada completa» en el valle de Carranza para hacer un seguimiento de «incidencias y posibles ataques». La vigilancia se mantendrá hasta el 31 de agosto y entonces se tomará una decisión sobre el cierre definitivo del muladar.
Se trata de una decisión polémica. Expertos consultados por este periódico creen que dejar de llevar comida a la buitrera «no es la forma de controlar una población. Tienen que estudiar las consecuencias de esta medida y no sólo para los buitres leonados». También para especies en peligro de extinción como el milano real, el quebrantahuesos y el alimoche, «que no levanta cabeza en Vizcaya. Ha costado 20 años recuperar las poblaciones de aves necrófagas en la Península Ibérica» y el resultado de esos esfuerzos «puede caer en picado», advierten las mismas fuentes. «Todas las semanas están llegando buitres enfermos por falta de alimento al centro de recuperación de fauna silvestre».
La crisis de las 'vacas locas' impuso severas restricciones a la dieta de los carroñeros por la obligación de quemar las reses muertas. Su impacto se notó en los comederos, que tuvieron que surtirse con despojos de los mataderos, y en la menor presencia de carroña en el monte. Años después, informes científicos han puesto en duda que estos animales puedan transmitir la encefalopatía espongiforme bovina.
Recientemente, la Liga para la Protección de las Aves ha alertado de «la situación de hambre en la que se encuentran las aves necrófagas», mientras en Aragón se han disparado las alarmas por ataques al ganado vivo. El impacto del cierre del comedero de Carranza se debatirá en las Juntas Generales. El apoderado del PP Arturo Aldecoa ha pedido la comparecencia del diputado para dar explicaciones sobre una decisión que a su juicio «representa un serio para nuestra fauna, más aún en esta época de reproducción».
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