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La Diputación cierra el comedero de Carranza por la «concentración» de buitres
La Diputación ha cerrado temporalmente el comedero de buitres de Carranza tras veinte años de actividad para frenar la «excesiva concentración» de ejemplares en la zona. El diputado de Agricultura, Eusebio Larrazabal, afirma que, según los estudios que maneja su departamento, las aves carroñeras tienen suficiente comida con los cadáveres que hay en el monte. Sin embargo, la decisión adoptada preocupa a algunos naturalistas, que ven peligrar la conservación de especies «que ha costado muchos años recuperar». Teresa Abajo. ELCORREODIGITAL. (3 de Febrero de 2007).
(c) Juanma Domínguez

 

Los ganaderos, mientras tanto, observan con inquietud el «cambio de hábitos» del buitre leonado. Dicen que cada vez se acerca más a las viviendas y los rebaños y que ataca a animales vivos, algo que va en contra de su naturaleza. «Cuando las ovejas están para parir, se tiran encima de ellas y nos las matan», asegura el pastor Ángel González, que lleva «toda la vida» en el valle. Según su testimonio, no sólo se ceban con las parturientas, sino que «treinta días antes las tenemos que meter en las cuadras».

En octubre, González dio parte de un ataque en el que perdió «cinco ovejas». La Diputación ha recibido más denuncias, pero cree que «no está claro» que las aves actúen empujadas por el hambre. «Los datos científicos dicen que les sobra comida», apunta Larrazabal. Según un informe encargado a una consultora, 6.300 buitres leonados sobrevuelan el entorno de Carranza atraídos por «la disponibilidad y potencialidad» de alimento. Muchos proceden del norte de Burgos, la parte oriental de Cantabria, Álava y el valle de Urkiola.

Desde agosto

El estudio concluyó que «sólo de modo excepcional» pueden producirse ataques a animales vivos y aportó cifras. En el área de campeo de estas rapaces, con un radio de entre 50 y 70 kilómetros, se calcula que hay unas 3.000 toneladas de carroña, «el doble de lo que necesitan para alimentarse. Y nosotros sólo estábamos llevando 50 toneladas al año». El diputado se basó en estos datos para ordenar, a mediados de agosto, que dejara de abastecerse el muladar de Ordunte, el segundo de la cornisa cantábrica tras el de Asturias.

Desde entonces, se ha constatado «un descenso importante» en la concentración de ejemplares, según los informes técnicos. «Pero no se ha resentido la población autóctona», asegura el diputado. La semana que viene mantendrá una reunión con ganaderos y a partir del 1 de marzo habrá una persona «a jornada completa» en el valle de Carranza para hacer un seguimiento de «incidencias y posibles ataques». La vigilancia se mantendrá hasta el 31 de agosto y entonces se tomará una decisión sobre el cierre definitivo del muladar.

Se trata de una decisión polémica. Expertos consultados por este periódico creen que dejar de llevar comida a la buitrera «no es la forma de controlar una población. Tienen que estudiar las consecuencias de esta medida y no sólo para los buitres leonados». También para especies en peligro de extinción como el milano real, el quebrantahuesos y el alimoche, «que no levanta cabeza en Vizcaya. Ha costado 20 años recuperar las poblaciones de aves necrófagas en la Península Ibérica» y el resultado de esos esfuerzos «puede caer en picado», advierten las mismas fuentes. «Todas las semanas están llegando buitres enfermos por falta de alimento al centro de recuperación de fauna silvestre».

La crisis de las 'vacas locas' impuso severas restricciones a la dieta de los carroñeros por la obligación de quemar las reses muertas. Su impacto se notó en los comederos, que tuvieron que surtirse con despojos de los mataderos, y en la menor presencia de carroña en el monte. Años después, informes científicos han puesto en duda que estos animales puedan transmitir la encefalopatía espongiforme bovina.

Recientemente, la Liga para la Protección de las Aves ha alertado de «la situación de hambre en la que se encuentran las aves necrófagas», mientras en Aragón se han disparado las alarmas por ataques al ganado vivo. El impacto del cierre del comedero de Carranza se debatirá en las Juntas Generales. El apoderado del PP Arturo Aldecoa ha pedido la comparecencia del diputado para dar explicaciones sobre una decisión que a su juicio «representa un serio para nuestra fauna, más aún en esta época de reproducción».

 

España es la reserva de buitres de Europa -acoge al 92% de la población-, y Carranza, la de Vizcaya y Euskadi. Se calcula que en todo el territorio hay 60 parejas reproductoras y en el comedero de Ordunte se han contabilizado hasta 400 ejemplares. Allí están nueve de las 19 zonas de nidificación del alimoche en Vizcaya. En el entorno del Valle de Mena pasan el invierno unos 30 o 40 ejemplares de milano real. Al quebrantahuesos, una especie en situación crítica, sólo se le ve de paso, y las apariciones de buitres negros son esporádicas.

El muladar es un punto que concentra «de manera representativa» las poblaciones necrófagas y rapaces de Vizcaya. «Se ubicó en esa zona precisamente porque allí hay posaderos naturales», explica Raúl Palacio, presidente de Karrantza Naturala. «El número de ejemplares ha aumentado, pero buitres ha habido siempre». El colectivo pidió explicaciones a la Diputación y el Ayuntamiento de Carranza cuando empezaron los rumores sobre el cierre del comedero «y no hubo respuesta», lamentan.

Los hechos lo han confirmado. A los ecologistas les preocupa que se tomen decisiones drásticas sobre el comedor «cuando se está redactando el plan de gestión del LIC (Lugar de Importancia Comunitaria) de Ordunte y sin analizar sus consecuencias. Los buitres están dentro de esa zona privilegiada y cumplen su función», destaca Palacio. «Además, no son depredadores y me cuesta mucho creer que cambien de hábitos de un día para otro». El buitre leonado está protegido por la directiva de aves silvestres y catalogado como especie de interés especial en el País Vasco.