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Las personas diabéticas podrán controlar los niveles de glucosa mediante un sensor subcutáneo
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El chip, en fase de investigación, avisaría al teléfono móvil del afectado y al centro médico donde se trata. Ya no sería preciso medir el azúcar con pinchazos
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SAN SEBASTIÁN. DV. Las personas diabéticas podrían olvidarse de los pinchazos diarios para medirse el nivel de azúcar e inyectarse la dosis exacta de insulina que precisan. Un gran equipo de investigadores de ocho países europeos están desarrollando un sensor subcutáneo que controlaría el nivel de azúcar de los pacientes cada 10 ó 15 minutos, transmitiría esos datos al móvil del afectado y al centro sanitario donde se archiva su historia clínica y suministraría incluso la dosis necesaria de insulina cuando detectara una concentración excesiva de azúcar en la sangre.
El proyecto, denominado Paul Cezanne, está coordinado en España por el investigador del Instituto de Microelectrónica de Barcelona -perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)-, Carlos Domínguez. Este profesor bilbaíno explica que el proyecto trata de «desarrollar un sensor lo más ajustado posible a las necesidades de los pacientes» para «mejorar su calidad de vida».
Para ello, los equipos de las 15 instituciones de ocho países involucradas en este proyecto, que cuenta con un presupuesto de 14 millones de euros (el 60% financiado por la UE y el resto por las empresas participantes), solicitan a las personas diabéticas que expresen sus opiniones en la página web dedicada a esta investigación (www.p-cezanne-eu).
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La investigación, que durará cuatro años, se está desarrollando por partes. «El sistema consiste en un microsensor óptico que utiliza una proteína de origen bacteriano para medir la glucosa, un sistema de comunicaciones inalámbrico y un sistema de tratamiento de datos que lo tendría tanto el paciente como el centro hospitalario donde acude», explica Domínguez. «De esta forma, el paciente puede monitorizarse a sí mismo y, al mismo tiempo, puede estar monitorizado desde el centro hospitalario, donde recibirían cualquier alerta en caso de una subida de azúcar, e incluso podrían enviar una ambulancia en caso de grave crisis».
Dosis automática
El investigador del CSIC explica que el sensor «tendría la dimensión de un cuarto de sello, con un espesor de cinco milímetros e iría implantado en el cuerpo, probablemente en la zona donde se incorporan las bombas de insulina, ya que en una etapa más avanzada la idea es conectar este sensor a dicho sistema de dosificación automática». Según añade, «hasta ahora las bombas de insulina dosifican de forma continua una cantidad prefijada por el médico y nuestra idea es que la bomba actúe únicamente cuando es necesaria, así se alarga además la vida útil de la bomba con lo que el paciente evita pasar más veces por quirófano».
De esta forma, los pacientes se despreocuparían por completo tanto de medirse varias veces diarias su nivel de azúcar en la sangre, como hacen actualmente con un pinchazo en el dedo mediante el test de glucemia, e incluso de inyectarse, también varias veces al día, la dosis justa de insulina.
«Estamos intentando diseñar un sensor que sea lo menos invasivo posible, lo menos dañino por operaciones o punciones y lo más duradero posible, por lo menos un año, aunque tenemos problemas con las baterías», asegura Domínguez, que comenzó la investigación de este prototipo hace seis meses.
«Los sistemas de comunicación, que permitirán al paciente y a su médico recibir y almacenar datos y gráficas sobre su evolución, ya están bastante avanzados», asegura el coordinador de la investigación en España. «Pero de la parte del sensor óptico, que es la más innovadora, aún estamos verificando el concepto mismo del sensor, aunque ya hemos hecho simulaciones y algunas mediciones que nos dicen que la cosa funciona bastante bien».
El primer prototipo a nivel de laboratorio de este sensor, que determina los niveles de glucosa gracias a una proteína de origen bacteriano con sensibilidad a este componente, podría estar dispuesto en seis meses. «Y dentro de un año o año y medio podríamos tener los prototipos para ser implantados en ratas», pronostica Domínguez.
Si la investigación sigue adelante con éxito, las primeras pruebas en pacientes podrían realizarse en el plazo de cuatro años, fecha final del proyecto, «aunque luego depende de las políticas de Sanidad de cada país», recuerda el investigador.
Coste
El éxito de este avance para los afectados por diabetes, enfermedad que por el momento no tiene cura, dependerá también de su precio, «difícil de determinar aún», asegura Domínguez.
Esta pregunta es también una de las que se plantea a los pacientes en la encuesta de recogida de datos, con la que el equipo de investigación pretende elaborar un sistema lo más perfeccionado posible y «pensado para todas las edades». «Quizás -añade-, más que los niños, pueden ser las personas mayores las que más beneficio» verían en este revolucionario sensor. Para unos o para otros, por lo menos, el sistema supondría decir adiós para siempre a los pinchazos.
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