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Con motivo de la celebración del Día Mundial de los Humedales 2007 el próximo 2 de febrero, las entidades firmantes de este documento deseamos transmitir a la ciudadanía, y especialmente a los políticos y técnicos de la Administración Pública, la pérdida flagrante de calidad de vida y el deterioro de nuestro medio ambiente que han traído consigo la desecación, urbanización y transformación de los ancestrales humedales de Euskal Herria, en especial del mayor de todos ellos: el estuario de El Abra formado por las rías del Ibaizabal-Nerbioi, el Cadagua, el Asua, el Galindo, el Gobela-Udondo y sus arroyos y complejos palustres asociados.
Los humedales son zonas de la biosfera de gran productividad, donde la vida ebulle y se multiplica, regulando los procesos biológicos y reforzando los ciclos de energía y elementos.
En definitiva, los humedales son enclaves sumamente delicados y de gran trascendencia en el mantenimiento de las condiciones de habitabilidad del Planeta.
En el caso del territorio vasco, los humedales ocupan una reducida porción del mismo debido a su orografía montañosa y lo escarpado de su costa.
Además, el alto grado de intervención y transformación generado por el ser humano en el paisaje ha supuesto que la totalidad de los humedales hayan sido urbanizados, desecados o transformados en los últimos siglos, reduciendo su extensión hasta la mínima expresión.
A pesar de ello, perduran pequeños testigos de sus ancestrales ecosistemas, que requieren atención e inversiones para abordar su conservación y recuperación.
Uno de los casos más cercanos a la ciudadanía vasca, que pasa desapercibido y no hace sino sufrir nuevas amenazas y recortes cada día, es el Abra vizcaína.
Aunque parezca mentira, la que fue la mayor extensión palustre del País Vasco, conserva aún reductos de biodiversidad que actúan a modo de reservorio trascendental para abordar la urgente regeneración ecológica del paisaje.
El Abra alberga aún numerosos microenclaves en los que sobreviven testigos de los ecosistemas integrantes del estuario, tales como los prados húmedos y limos de la vega de Lamiako, los carrizales y la laguna dulcícola de Bolue, las rocas sometidas a las mareas de Arriluce y la Galea o el último reducto del antiguo arenal de Neguri, la playa de la Bola, además de las aguas remansadas entre diques, como las del puerto de Santurtzi o las corrientes del seno de los cauces en cada una de las rías y la propia desembocadura al mar.
Este vasto humedal de aguas salobres denominado "Estuario de El Abra" se prolonga y ramifica tierra adentro por los cauces de los ríos y arroyos, alojando nuevas comunidades de seres vivos de vida ligada al agua dulce.
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