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El hijo de la novia ha sido calificada como una película fundamentalmente argentina. Esta perogrullada no lo es tanto si se analiza la película desde su misma raíz. La cinta basa su fuerza en una historia hasta cierto punto cotidiana pero que en manos de unos personajes bellamente construidos cumple con creces el reto de emocionar al espectador.
El derrumbe de Rafael Belvedere, un cuarentón obsesionado por el trabajo en su pequeño restaurante familiar, sirve de punto de partida para esta historia que navega por las emociones y los sentimientos, sirviéndose del buen hacer de unos actores comprometidos y de un guión y unos diálogos cuidadosamente construidos. En este punto cabe destacar el trabajo de Campanella y Fernando Castets (coguionista habitual del realizador). Los diálogos tienen el sello de las mejores películas argentinas; creíbles, emotivos y con una buena dosis de sentido del humor.
Así se construye esta comedia de sabor porteño, con aroma de barrio y gente con la que es fácil identificarse. Una mezcla mesurada de risas y lágrimas que, con una Argentina herida como telón de fondo, consigue superar la mera crítica social para adentrarse en un mundo todavía más universal: el de los sentimientos. Unos sentimientos que al final, tal como refleja la historia, están siempre por encima del éxito económico y social.
Crítica de www.portalmix.com/cine
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