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Calendario natural de julio
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De resultas de más horas de día y calor, la canícula aprieta… pero no ahoga. La naturaleza de sangre caliente, los mamíferos singularmente, se entregan a la siesta, mientras los animales de sangre fría están en su salsa. Es el momento de los más menudos: la hormiga y el canto de la cigarra, de la mariposa y ¡ojito! de la garrapata.
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Julio no tiene buen cartel para los seteros aficionados. Es verdad que suele ser mes de pocas lluvias, y los hongos se retraen, pero los iniciados en la micología tampoco descansan en verano
Xabier Laskibar, del departamento de Micología de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, nos recuerda las mejores condiciones para que aparezcan la setas: agua con moderación y noches frías. Mucha humedad –si es el 100%, mejor– y algo de calor, pero nunca más de 25 grados. Eso, y que no sople viento sur, que es el peor enemigo, porque se secan y desaparecen enseguida.
Con todo y con eso, aunque la mayoría de los seteros de temporada se tuestan al sol en la playa, los más avezados aguardan también su oportunidad en verano. Nuestro Alfred es optimista pues aquí la humedad relativa durante el verano es la más alta del año, alcanzando valores de hasta el 80%. Además, las noches suelen ser frescas, sobre todo en agosto, porque los cielos suelen estar despejados y el viento sur es raro, a excepción del mes de septiembre. Si a todo esto añadimos que las temperaturas de nuestro norte peninsular rara vez exceden los 30°....... Sólo hay un factor realmente disuasorio para las setas: la falta de lluvia, así que, a la que llueve, nuestros bosques veraniegos se convierten en auténticos vergeles micológicos
Naturalmente, también se puede diversificar nuestra actividad. A pie de playa, por ejemplo, encontraremos un preciado tesoro: las conchas que utilizan los moluscos para protegerse. Desde la prehistoria, las conchas se han considerado sagradas en muchos sitios, al punto de adquirir un alto valor simbólico, e incluso se han utilizado como moneda de cambio.
En el mismo hábitat, las actinias de color rojo se conocen como tomates de mar aunque también las hay verdes o pardas. Las anémonas verdosas se llaman ortigas de mar. También pueden ser azuladas, con tentáculos no retráctiles y capaces de producir una picadura muy irritante. En la costa andaluza se cocinan con harina, bien fritas. Doy fe de que su gusto es exquisito.
La mayoría de las anémonas de mar permanecen inmóviles en el lugar donde se fijaron de larvas, aunque algunas son capaces de un lento desplazamiento similar al de los caracoles. A la actinia parásita le gustan sobremanera las conchas de caracola. Se sabe de un cangrejo ermitaño que introduce alimentos en la boca de su inquilina. Cuando llega el tiempo de la mudanza, toma a su actinia con las patas y la instala sobre la nueva concha.
Ha terminado la incubación espontánea de los huevos de lagartijas y culebras. También la metamorfosis de ranas, tritones y algunos sapos. Los polluelos de cigüeña común se echan a volar, a la vez que el trigo ha completado su ciclo vital después de nueve meses de crecimiento. La berrea de los corzos anuncia el comienzo del periodo de celo y los apareamientos.
En el campo, las fresas silvestres se dejan ver preferentemente entre robledales y otros bosques caducifolios. Gustan de humedad y un tanto de sol, por eso en el sur las hallamos sólo en las montañas. Ahora mismo su sabor es excelente. Ojito que también las hay tóxicas, y si no que se lo digan a los expedicionarios de Pagoeta –ver crónica en el foro–
La hierba de Santiago que arregla el dolor de los golpes, florece a final de mes, también el orégano, las malvas silvestres y el gordolobo. Es tiempo de floración de zarzas y rosales silvestres. El aroma de mentas y poleos sale a nuestro encuentro
El lúpulo asciende sobre troncos y ramas de árboles de ribera, en márgenes de arroyos y vaguadas de la mitad norte peninsular. Las piñas que en esta época adornan las plantas hembra contienen unas florecillas femeninas rodeadas de diminutas glándulas amarillentas. Ese polvo dorado será extraído y empleado como lupulina, para dar a la cerveza su aroma y amargor, al tiempo que ayuda a conservarla. A principios de otoño se recolectarán los frutos del lúpulo de cultivo, que crece en campos con postes que sirven de apoyo a la planta.
Es menos conocida la influencia del lúpulo sobre la líbido del género humano. Las mujeres que tradicionalmente recolectaban la planta de cultivo podían sufrir interrupciones en la menstruación o su inhibición. Los agentes estrógenos del lúpulo actúan sobre los hombres reduciendo su apetito sexual
Para degustar la cerveza sólo nos falta la cebada que ahora mismo se cosecha en el norte peninsular. La cebada cervecera se diferencia de la ganadera en que sus granos son redondeados, gruesos, con cascarilla fina y rizada y color amarillo claro. Para que la cebada se convierta en cerveza, primero se remoja propiciándose la germinación. Es entonces cuando el embrión entra en escena, transformando el almidón y demás compuestos de la semilla en otros que podrán asimilar las levaduras. La germinación se detiene mediante un tueste que produce malta. Posteriormente se cuece y se añade lúpulo, que esteriliza el mosto, aportando aroma y amargor. Luego hay que enfriarlo para que las levaduras lo fermenten dando alcohol y agua.
Si ya está a punto, sólo queda enfriar a 4º y echársela al coleto ¡cheers!
Refranes de Julio
En Julio, beber y sudar, y el fresco en balde buscar
En Julio, ¿donde anda el mozo? en la acequia o en el pozo
Cuando canta la curuja, ni manta ni mantuja
En Julio la hoz en el puño
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